¿ES LA CULTURA BENEFICIOSA_ (y II)

Para el intelecto, puede. Porque el intelecto, sin querer hacerle de menos, florece con cualquier cosa. Pero para el físico… tengo mis opiniones (contrarias).
Para celebrar el día del Carmen y ya que la literatura se porta tan mal conmigo, quedo con mi amiga Gloria en el Museo del Prado. Decido probar uno de los inventos disuasorios de Carmena y dejo el coche en el aparcamiento de la Universidad. Luego cojo el metro, espero un montón (horario de verano y media mañana), hago transbordo, espero otro montón y llego a Sol. Que, por lo menos, vuelve a llamarse Sol como la Puerta y no con marca publicitaria previa.
Voy algo acelerada, lo reconozco, porque tanto homenaje a las ideas de Carmena me ha retrasado bastante. Ando esquivando turistas en pandilla, turistas en pareja y turistas infantiles (los más y más peligrosos). También esquivo muñecotes de dibujos animados, incluido el Ratón Mickey talla gigante, que se dejan fotografiar con la infancia viajera y deseosa de nuevas experiencias.
Y ese conjunto de circunstancias unido a unas comodísimas pero engañosas sandalias con cuña, que me elevan 8 cms sobre el pavimento, es lo que precipita el desastre. Y me precipita a mí de paso sobre los adoquines más turísticos de Madrid. En plena Puerta del Sol y a 50 mts. del Kilómetro Cero.
Madrid, rompeolas de todas las Españas que cantaba Machado, don Antonio, te rompe además los tobillos a poco que te descuides. Y, si no eres previsora y vas con la boca abierta hablando por el móvil, los piños también.
No es mi caso porque yo me caigo mucho y tengo cierta práctica. Es de familia, me abollo pero no me rompo. Al menos hasta ahora.
Debo decir que las hordas de turistas pasaron ampliamente de mí. Pero los nacionales, no. Los nacionales, todos a una como los de Fuenteovejuna, se empeñaron en izarme, ponerme en vertical, sacudirme la ropa porque los adoquines de la Puerta del Sol están de color gris marengo debido a la polución y el gentío que los pisa, preguntándome todos a la vez:
_¿Está bien señora? ¿Se ha hecho daño? ¿La acompaño al ambulatorio?
Y todo ello sin robarme el bolso siquiera. Para que luego digan. Enfilé la carrera de san Jerónimo a paso ligero, con Fra Angélico en el corazón y el corazón en la boca por los 47 º grados centígrados (aprox.) del exterior y el exceso de combustión interior que provocan estos sobresaltos.
Menos mal que era cuesta abajo. Y que mi amiga Gloria no se había licuado en la espera junto a la estatua de Goya. La exposición de Fra Angélico, una maravilla. Pero, insisto, la cultura no es beneficiosa para la salud. No quiero pensar qué habría podido ocurrirme si llego a ir a un concierto.

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