LOS SUSTOS Y LOS DÍAS

febrero 12th, 2026

Se me van las horas, los días, las semanas y no me atrevo a escribir. Debido al susto permanente en que vivo (vivimos). Hoy toca incendio, mañana tren, al otro diluvio. Mi amiga Pilar opina que la culpa de todo la tiene Pedro Sánchez porque es gafe: Todo lo que pueda pasar en la Madre Naturaleza que la convierta en Madrastra Naturaleza e incluso en terrible Cuñada Naturaleza, pasará. Un día toca volcán indignado y al siguiente borrasca salvaje.

Luego, por si fuera poco desastre, llegan los políticos a comentar. Y los comentarios ya no hay cuerpo que los aguante. Todo es culpa del partido de enfrente. Pero, por si no nos habíamos dado cuenta, se cruzan improperios e insultos a grito pelado. Que quede claro que el culpable es además ladrón, corrupto y psicópata y su madre y su cuñado más todavía.

Así que yo, que tengo como cualquiera mi opinión, me callo y me la guardo en un cajón secreto. No estoy para sustos (más). Si acaso me siento obligada, no por solidaridad sino por mujer, a opinar en voz alta sobre el lío de la concejala de Móstoles y lo último de la chica Mouliáa. No sirve de nada pero al menos me desahogo. Desde el Gobierno y los partidos que no son Gobierno, nos animan a las mujeres a denunciar cualquier forma de acoso o sobe. Pero no sé para qué. ¿Para que un juez nos pregunte en público si «a usted le chupó las tetas»?. ¿Para que un compañero de partido diga en rueda de prensa que usted «va de mala fe»? ¿Para que en el mismo partido, que es el suyo, digan que usted lo que tiene es «ambición» (algo prohibidísimo para las mujeres)? ¿Para que confundan churras con merinas y el tirar los tejos con la falta de respeto y el acoso sexual? El último susto me lo he llevado con esa frase tremenda del político de turno inquiriendo ¿»tú cómo ligas, pregunto»?

En este país le hemos reído la gracia a Julio Iglesias cuando presumía de haberse acostado con 3000 mujeres, en lugar de mandarlo al psicólogo a ver si le arreglaban lo de la adicción al sexo. Y nos parecían cosas de picarón las públicas infidelidades del campechano emérito. Pues de aquellos polvos vienen estos lodos en que un juez emplea lenguaje tabernario para dirigirse a la denunciante y un político se hace un lío con las maneras de ligar. Otro susto. Y un asco.

ESE PAPEL

enero 5th, 2026

En la pandemia fue protagonista. Por su ausencia. Fotos, memes, vídeos, todos retrataban las baldas en el súper vacías de ese papel. En el apagón primaveral también la gente se lanzó a la calle para invertir el dinero (las tarjetas de crédito no servían mientras estuvimos a oscuras) en ese papel. El lema patrio para este asunto parece ser «más vale que sobre que no que falte». Una frasecita, por cierto, digna de clase de español para extranjeros. Y en eso seguimos.

Voy, en mi súper favorito, al baño para un pipí de urgencias. Todo muy limpio y reluciente lo que se agradece un montón. Pero no hay ese papel. En ninguno de los cubículos del mencionado baño. Cuando, más tarde, voy a comentárselo a la cajera de turno, preguntando por el jefe o quien tenga que hacerse cargo, me llevo una buena sorpresa. Al parecer no hay papel porque lo roban. Varias veces en la misma mañana. Es la última moda. Quedo completamente desconcertada.

Nunca hubiera pensado en este tema para abrir el año 2026. Y espero que no sea premonitorio, a pesar de nuestros políticos que no descansan ni en navidades. Los políticos nuestros y los ajenos porque hay que ver Trump, con TR de tremendo.

Y yo me pregunto ¿a dónde va un país cuyo máximo interés en la vida es obtener ese papel? Con dibujitos de colores o mariposas rosas, doble, suave, en pack de seis o paquetes de doce, como sea. Pero lo más importante: en grandes cantidades. En grandísimas cantidades si es posible. Siempre.

Cada día se aprende algo nuevo. Porque lo reconozco, nunca pensé que ese papel incite a la delincuencia. Ya lo decía mi madre: a la cama no te irás sin saber una cosa más. Eso.

ESTOS TIEMPOS

diciembre 15th, 2025

No sé de quién son pero no son los míos. Aquí estoy yo, completamente acelerada y cercana además al agotamiento. La cuestión es que los tiempos se han cambiado de sitio.

Cuando yo era pequeña, aprox. en el Pleistoceno Superior, volvíamos del verano para el curso escolar (que, por cierto, empezaba tardísimo, a primeros de octubre) y en algunos pueblos, no en el mío, se celebraba el final de la vendimia con procesiones dedicadas sobre todo a Cristo.

Después pasaba un tiempo colegial y trabajador aburridísimo, roto sólo por la festividad del Pilar. Venían luego los buñuelos de viento y los huesos de santo. Para la Inmaculada, los distintos ayuntamientos empezaban a montar las luces navideñas que se encendían más tarde. Las reuniones familiares, con o sin cuñado, se dejaban para Nochebuena y el día de Navidad. Ahí mi ciudad se volvía un poco loca con todo el mundo comprando regalos para Reyes. Al día siguiente empezaban las Rebajas con mayúsculas. Y se acabó.

Ahora en el Pilar anuncian el Black Friday que nadie sabe pronunciar y que traducido, es una semana o más de rebajas. Todos los Santos es ahora el Halloween, donde disfrazados de fantasmas sanguinolentos los más pequeños piden «truco o trato» que ya me diréis. Y para entonces ya están las luces de de navidad deslumbrándonos como si toda España fuera Vigo o Cortylandia. Mucho antes de Reyes ya estamos todos hechos polvo.

Estas no son mis navidades, mis Reyes, mis fiestas. Y siento mucho que mis hijos no vivan aquellas. En mis tiempos, lo importante era reunirse en familia, celebrar lo que nos queríamos, ponerse guapos, cantar villancicos, mucha pandereta y algo de turrón… ir, incluso, a la Misa de Gallo (a los niños nos volvía locos estar hasta las tantas fuera de casa y allí, al calorcito y el incienso nos dormíamos siempre). Los regalos, con ser tan importantes, eran lo de menos. Al menos así lo veo ahora con la perspectiva que dan los años y, en cuanto me descuide, los siglos.

En estos tiempos que no son los míos, se baja una del verano en Halloween y engancha las compras a todas horas con gafas de sol por el exceso de luz, que parece que toda la ciudad lleva los faros de niebla puestos. Hay obligación de comprar porque es Navidad o hay Rebajas o me hace falta esto o no lo necesito pero me da igual. No me gusta, no estoy de acuerdo y no que no. O será que estoy mayor.

FAUNA

noviembre 26th, 2025

En esta primavera lluviosa y casi monzónica que tuvimos, os conté lo que sucedía en mi minipatio-jardín y cómo florecía ahí hasta el césped artificial. Que era, cuando menos, extraño. Pero no tuve tiempo de comentar lo de los bichitos que pululaban en las zonas inundables o inundadas. Muchos. Y en gran parte desconocidos.

La primera vez que fui al país tropical de mis mayores me sorprendió el exceso de fauna y de flora para contenerla. Acumulación que en Madrid y cercanías no existía. Aquí con tres geranios, un perro, algun gato, un par de vacas y dos lagartijas ya nos apañábamos. Bueno, pues parece ser que eso era antes. Con las lluvias estilo diluvio mediano, flora aparte, la fauna se ha explayado, extendido e incluso desbordado por las esquinas y salido de sitio. El cambio climático, dicen.

Reconozco que urbana y de secano como soy, no me gusta nada, pero nada, la invasión de animalitos en mi casa. Reconozco también que la fauna blandita me da un asco que me muero. Desde la lombriz a la anaconda espero que estos bichos se queden fuera de mi solución habitacional, por decirlo en moderno.

Ya. Pues el hombre propone y… Me las encontré una noche a las dos en mitad del suelo del cuarto de estar. Ambas gorditas, relucientes y midiendo aprox. 5 cms. de largo. Lo calculo porque ésa es la medida de un bajo normal en faldas o pantalones (en alta costura son de 7 cms. para arriba). Y son babosas, ignoro de qué clase o raza pero babosas. Como caracoles sin casa. Una repugnancia. En lugar de morirme de asco que hubiera sido lo lógico, las cogí con el recogedor _valga la redundancia_ y las eché al jardín de donde nunca debían haber salido.

Me quedé contentísima de mí misma. Yo valiente y resuelta, madre de dragones, expulsadora de babosas.

Ya otra vez. No sé por donde entran. En qué esquinita se refugian. Cuáles son sus intenciones. Sólo pueden verse en mitad de la noche oscura y tras largo rato con las luces apagadas. Para que mi sobresalto sea mayor, supongo. Durante meses sólo topaba con una y, pienso, habíamos llegado a una entente cordial. Existía un acuerdo tácito _no verbal_ entre nosotras. Algo así como «tú no apareces de día ni fuera del cuarto de estar y yo no agarro el recogedor».

Anoche, a las tantas virandas, me desperté con sed y fui a la cocina por agua. ¿Y qué me encontré por medio y mitad del suelo del cuarto de estar? ¡¡Un guateque de babosas!! Tres había. Al menos tres a la vista y decidí no investigar más.

Ahora no se qué hacer. No tengo una naturaleza violenta. Pero no me gusta tampoco dejarme avasallar. Un lío. O sea, odio el cambio climático.

VARSOVIA

noviembre 24th, 2025

No sé qué sabeis de Varsovia. Mejor dicho, aunque no lo sepa lo supongo: nada. Acerté ¿verdad?. Pues yo, igual. Y en caso de saber algo es el horror del gueto o el Papa Wojtila o, todo lo más, el lío de Chopin y Georges Sand. Decido ilustrarme sobre tan ilustre ciudad a base de Wikipedia. Donde compruebo que los polacos en general y Varsovia en particular llevan siglos viviendo lo que la revista La Codorniz llamaba «Vidas Fastidiadas». Los invaden cíclicamente lituanos, alemanes o rusos. Cada invasor nuevo se carga derechos, leyes y edificios construidos por el anterior. Y esto crea en el personal cierto sentimiento de melancolía. Aparte de que como geográficamente está a sólo100 metros sobre el nivel del mar el paisanaje debe andar siempre con la tensión por los suelos. Eso sí, tienen un pedazo río, el Vístula, digno de todo elogio.

Mi pueblo, que es Madrid y cercanías, está a casi 700 metros de altura, tiene un río canijo que da mucha risa y que hemos hecho crecer visualmente construyendo a su vera, verita suya, un paseo enorme para niños y bicicletas. Aquí hemos tenido guerra civil que es lo peor de lo peor pero no nos invaden desde Napoleón. Ni antes porque lo de los musulmanes me parece que fue más bien un pacto de convivencia con menos disensiones internas que nuestro actual gobierno de coalición (progresista). Los edificios sólo se caen de viejos o cuando están cerca de alguna ampliación del Metro. Y lo más parecido a un Papa español fue el anterior que era argentino.

¿Qué tenemos entonces que ver con Varsovia? Mucho, muchísimo. Hace un tiempo descubrí que tras esa necedad del cambio otoñal de hora, tenemos el mismo horario los españolitos y los polacos de Varsovia. Y todavía me dura el trauma.

Me gusta mucho la idea de Ciudades Hermanas. O Pueblos ídem. Cooperación internacional entre lugares que no están precisamente cerca pero reúnen parecidas condiciones y modos de vida. Mi biblioteca favorita, en Pozuelo de Alarcón, está hermanada con otra de Issy-les-Moulineaux pegadita a París. Ahora bien, nosotros no estamos hermanados con Varsovia ni nos parecemos en nada. Esto de llevar el mismo horario no tiene ni explicación política siquiera. Ni económica, si a ello vamos. Varsovia es de gente seria y norteña. Nosotros somos de la esquina de Europa junto a Portugal y si hay que elegir tiramos más a alegres mediterráneos. Hasta los paisanos de nuestro norte son menos atlánticos que otros europeos. O sea, que lo de Varsovia y nosotros es una arbitrariedad.

Aunque nuestras ciudades intenten adaptarse a ello como pueden (mal). Para mí que estos repentinos vientos huracanados, las heladas antes de diciembre que me están dejando las plantas como una menestra de acelgas, la lluvia un día sí y otro también, son un intento de asimilarse a Varsovia. Pues ya podían ponernos el horario de, por ejemplo, Sicilia. Por la parte del Comisario Montalbano sobre todo.

DOS ALEGRÍAS

noviembre 6th, 2025

Después del bajón del cambio de armario definitivo de la ropa ligera y alegre a la más espesa y oscura, de las dichosas lluvias otoñales y del manido largo etcétera, me he llevado dos alegrías.

La primera es el Premio Princesa de Asturias de las Letras a Eduardo Mendoza. Merecidísimo, claro. Don Eduardo acumula premios y más que debían darle. Siempre cuento que cuando ando algo tristona recurro a Mark Twain. No al de Tom Sawyer que nos recomendaban en el colegio y que era un rollazo. O así me lo parecía debido a mi tierna edad. Me refiero al Mark Twain de Un Yanki En La Corte del Rey Arturo. O al que yendo como turista a las Cataratas del Niágara, se agarraba a la barandilla con las dos manos y no, ya lo decía él, porque tuviera miedo sino porque le daba la gana.

Mi otro levantador de moral es Jeeves y las aventuras con su señorito Bertram Wooster. Con el humor _bueno_ de P.G. Wodehouse no hay mal que cien años dure ni tía Agatha que lo resista. Ambos, don Mark y don P.G. (Pelham Grenville se llamaba el pobre) me mantienen con sonrisa permanente y, a veces, me hacen reir a carcajadas.

Estos son remedios instantáneos para la tensión baja y el espíritu a juego. Pero cuando tengo algo más de tiempo recurro a don Eduardo. No tanto a las excelencias de La Verdad Sobre El Caso Savolta o la Riña de Gatos sino a otras de sus aventura inventadas. Sus protagonistas llevan nombres llamativos como Pomponio Flato o el príncipe Tukuulo o… son llamativamente anónimos. Ahí están el detective locatis que, fuera del manicomio, persigue misterios a las órdenes del dr. Sugrañes o el extraterrestre adicto a los churros que busca, incansable, a Gurb. Por todos ellos le estoy inmensamente agradecida al señor Mendoza. Y para los que no conozcan mucho su persona o su obra, recomiendo empezar por su discurso en los Premios Princesa de Asturias. Ahí se «retrata» muy bien.

La segunda alegría es de orden estético: La nueva imagen de Alberto González Amador, pareja, conviviente y _supongo_ amante de Isabel (Díaz) Ayuso. Debido a su juzgada vida, sus declaraciones, maserati y otras torpezas, es evidente que vamos a tener a don Alberto de cuerpo presente y cara ídem hasta en la sopa. Lo que, cuenta, le tiene desesperadito. A mí me alegra su cambio de look. Cuando llevaba el pelo rapado como con cortacésped y el cutis afeitado tal que un anuncio de cuchillo jamonero, este señor daba mucho miedo. Y cuando llevó peluca daba mucha risa. Ahora se ha quitado años de encima añadiendo barba _que tapa y por tanto favorece, que no todos los hombres son Jhonny Depp o similar_ y dejándose crecer el pelo en suaves ondas. Esto último rejuvenece y resalta los ojos grandes y la nariz recta. Y da mucho juego para apartarse la guedeja de la cara con la mano. Si vamos a verle cada vez que encendamos la tele, al menos que sea una imagen decorativa. Otra alegría

DIANE (y Robert)

octubre 27th, 2025

Se nos ha muerto Diane Keaton. Y Robert Redford, añade rapidísima esa amiga acelerada que todos tenemos. Vale, Robert Redford también y antes pero no es lo mismo. Aunque de vez en cuando babee volviendo a ver Dos Hombres y Un Destino y no por Paul Newman (que ya es decir) sino por el bigote que adorna a Robert. O cómo Robert adornaba cualquier bigote. Este señor creó el Festival de Sundance, dirigió, le lavó la cabeza (tan apañado él) a Meryl Streep y dio la cara, ya verdaderamente anciano, en aquella peli de ladrón jubilado. Es decir, muchos méritos. Pero aquel peluquín naranja y la cirugía tremenda que se llevó de golpe su belleza… Aunque por supuesto me iría con él a pasear descalzos por el parque, hubiera preferido que Robert Redford envejeciera a poquitos como hacemos los demás.

Y Diane… Llevo un tiempín queriendo rendir mi particular homenaje a Diane Keaton. Para mi generación, que no significa necesariamente mi quinta aunque le caiga cerca, Diane Keaton ha sido especial.

Llevaba chaleco y chaqueta cuando las demás actrices se perdían en escotes y tules volanderos. No quiso casarse cuando eso aún parecía el destino envidiable de toda mujer. O tal vez, según contaba ella, es que Al Pacino no se decidió, algo atemorizado por una mujer tan espléndida en la vida real como la sra. de Corleone en la pantalla. Fué madre soltera por elección pasados los cincuenta y continuó haciendo películas con guiones que derrochaban sentido del humor. No sé si buscaba esos guiones o si los directores la buscaban a ella por lo bien que encajaba en aquellos diálogos chispeantes. No la recuerdo en cambio en ninguno de tantos revolcones cinematográficos al uso. Tal vez, porque como explicaba en Annie Hall (¿o fue en Manahattan?) «los de Filadelfia no hablamos nunca de sexo».

Diane además data nuestros años más locos, le pone fecha a nuestras primeras rebeldías, nuestros novios con el pelo largo, las lecturas de filosofía y …los pantalones de campana. Me quito el sombrero ante una mujer que solía llevarlo bien encasquetado.

VAYA MAÑANITA

octubre 22nd, 2025

Llevo una mañanita que… Una mañanita que, concretamente, empezó anteayer con nocturnidad pero, creo yo, sin alevosía ninguna. Era noche oscura (y tormentosa, diría Snoopy escritor) y me iba a la cama cuando decidí sacar algo del frigorífico.

Si una va pertrechada con las gafas de cerca, la novela, el móvil, un pañuelo de cuello y una rebeca, todo ello junto y a dos manos, no debe abrir la nevera. Yo lo hice, vale. Pero, por lo que fuera, mi móvil voló, sobrepasó la nevera _que es más alta que yo_ y esquivando el microondas descendió bruscamente y aterrizó en el suelo. Menudo tortazo. Luego se quedó inmóvil pero además, sordo, mudo y supongo, ciego. Y con una raja de muy mal aspecto cruzándole la pantalla.

Así que ayer, prontito, me personé en el Gran Almacen que todos sabemos pero no decimos el nombre, sección reparación de móviles volanderos. REPARACIÓN EXPRÉS decía el cartel. Pero resultó que no. Que el exprés se refería más bien al café que podías tomarte mientras esperabas. Porque como me decía el experto arregla móviles deprisísima, «en casa del herrero…».

Y… un par de días sin teléfono es como el fin del mundo en pequeñas dosis. Con sus sustos, sus imponderables, sus cumpleaños de personas a las que no puedes felicitar porque móvil significa también agenda en sentidos varios (¿quién se sabe ahora de memoria un número de teléfono?), sus asuntos trabajosos o de trabajo, sus disgustos, sus descuelgues… en fin. No pensaba yo que dependiera tanto de mi móvil.

Eso ya ha añadido inquietud y falta de alegría a mi mañana. Vaya mañanita. Pero lo que me ha crujido el corazoncito matinal es que hoy, por primera vez tras el verano, me he puesto calcetines. Unos con dibujos de perritos graciosos que maldita la gracia que me hacen. Además estaba el cielo blanco. Sé que hay personas que adoran los días nublados. Yo no. Recuerdo una novela que leí de muy jovencita donde el protagonista sentía una dulce nostalgia de los blancos cielos de Estocolmo. Yo no.

Yo en un día sin sol (aunque espero que salga luego, porque el sol de Madrid es terco y cabezón) y con calcetines de perritos, pienso muy seriamente en coger la bolsa de la compra y darme un garbeo por el Louvre. Que a mí los zafiros bien azules me sientan muy pero que muy bien.

CIUDADANOS DE SEGUNDA

octubre 10th, 2025

Lo primero para ser ciudadano de segunda es, evidentemente, ser ciudadana. Y no lo digo por el escándalo de las mamografías andaluzas. Eso, además. Por cierto, he oído en la radio a no sé cuál política asegurando que no consta ningún fallecimiento causado por los retrasos en la comunicación del diagnóstico. Mujer, pues sólo faltaba. Y ojalá no se haya producido, la cuestión ya es suficientemente grave y terrible y espantosa y… sin difuntas por el medio.

Ya he contado alguna vez que en mi segundo embarazo, en esta numerosísima familia mia (tribu más bien) cuatro primas estábamos encintas a la vez. Todas querían tener un varón menos yo que prefería repetir y que fuera niña. Luego nacieron Ana, Marta, Nuria y… mi hijo Juan.

Mi prima Inés me decía que un chico lo tendría mucho más fácil en la vida. Yo, ingenua total, pensaba que 25 o 30 años después de su nacimiento sociedad y mentalidad habrían evolucionado convenientemente hacia un status más o menos igualitario. Ay qué razón tenía Inés.

Se nota sobre todo en las pequeñas cosas. Porque las grandes, la brecha salarial, el reparto de tareas etc suenan fuerte pero cada día podemos fijarnos en algo medio silencioso, de hablar bajito, cualquier tontería que nos recuerde que somos ciudadanas de segunda.

Ejemplín: los llamados eufemísticamente servicios o baños en lugares públicos. Los hay para mujeres, hombres y sillas de ruedas y así los señalizan en los dibujos, carteles etc de la puerta. Con la salvedad de que los adaptados (denominación más amplia y veraz que las dichosas sillas) están siempre adosados al de señoras. No entiendo si es que hay más mujeres que hombres con problemas de movilidad. Ni por qué los caballeros con esa discapacidad tienen que ir al de señoras aunque no se hagan preguntas sobre su género. ¿Tal vez porque tampoco son ciudadanos de primera?

También los «cambiadores» para, efectivamente, cambiar los pañales al bebé están mayoritariamente (alguno he visto en el otro lado) en el aseo de mujeres. Quizá porque, como todo el mundo sabe las cacas y pises de un menor corresponden exclusivamente a su madre.

En fin, pequeños incordios que nos recuerdan que somos todavía ciudadanas de segunda. Con ministras y militares, sí, pero… Qué deprimente. Menos mal que no le han dado a Trump el Nobel de la Paz, cada día trae su alegría.

HARTITA

septiembre 29th, 2025

Siempre me gustó la política. De jovencísima discutía frecuentemente con mi padre cuya opción política no coincidía con la mía. ¿Suena a charla tranquila con discrepancia de pareceres? Pues no, más bien se trataba de un intercambio de opiniones opuestas a grito pelado aunque educadísimo, todo como muy ibérico.

Con la madurez que dan los kilos y años de más, me calmé muchísimo y ya podía empujar la silla de ruedas de mi madre (con mi madre sentada en ella) calle arriba y abajo hasta depositar su voto tan contrario a mis ideas como el de mi padre. Y, entre bufido y resoplido por las cuestas charlar sobre política y diferentes opciones alegre y risueña.

Bueno, pues ahora no. Ahora me tienen hartita nuestros políticos. Hasta la coronilla me tienen. Ellos, ellas y la política en general. Y con la leve pero insistente duda de que a estos señores, señoras y viceversa les importamos un comino. En general se pierden en discusiones abstrusas que a nadie interesan más que a ellos mismos y en las que se barajan insultos de alta gama o baja estofa según el día.

¿A quién le importa si lo de Gaza es genocidio o masacre? A los gazatíes no, seguro. Seria como preguntarle a un pollo si quiere que le retuerzan el pescuezo o le corten el cuello. Sospecho que le daría igual.

¿A quién le importa si el novio de Díez (Ayuso) o la señora Begoña Gómez son respectivamente ciudadano particular y ciudadana particular o una panda de enchufados ? Lo que queremos no es incluirlos en una categoría sino que no nos roben nuestro dinero ni la fe y esperanza en las instituciones.

Ahora sean inundaciones o incendios, la culpa siempre es del adversario político. Pero la gente de a pie no buscamos culpables. O sí, da lo mismo. Lo que queremos es que los trenes funcionen (Cercanías incluidos), las emergencias funcionen, lo cotidiano (los precios de la compra o la gasolina, por ejemplo) funcione, la Sanidad y la Justicia con mayúsculas funcionen y lo que llamamos un largo etcétera funcione.

Y hasta entonces, ya lo he dicho, me tienen hartita.