SIMPLICIDAD

noviembre 8th, 2022

Ven los niños el mundo de una manera que no es la nuestra. Así _o con algo parecido_ empezaba hace 25 años mi columna del domingo en El Diario Vasco, el periódico más donostiarra.
Y contaba que, en bosque y noche oscura, en plena exhibición del cometa Hale-Bopp _porque este cometa era un derroche de luz francamente dado al exhibicionismo_ mi pequeña sobrinísima prefirió darse a la caza de renacuajos con linterna y vasito de plástico. Otra faceta de la Naturaleza que tiene muchas.
Mira que hace tiempo pero, al parecer, los niños siguen prefiriendo la simplicidad a lo extraordinario, lo cercano a lo de fuera.
En pleno puente de Difuntos estoy en la sala de espera del médico. En el asiento de al lado una falsa accidentada toda sanguinolencia y vendas, como corresponde a la fecha. Llegan una niña y su abuela, ambas vivarachas y muy alegres, así que deduzco que sólo revisión o vacunas. La niña vestida de luto y tules lleva una diadema con dos orejitas de lentejuelas brillantes.

La masacrada de pacotilla, rebosando hemoglobina de bote y sonrisas, se dirige a la pequeña:

«Halaaaa, que guapa, seguro que eres una bruja, ¿y esas orejitas son también de Halloween?»

«Nooo _responde la niña_ son de gatito»

Simplicidad, ya veis.

LA INMIGRACION

octubre 20th, 2022

Soy profundamente partidaria de la inmigración. Que estoy a favor, vamos. Y desde el otro día, más.
Voy andando tranquilamente hacia mi coche con las llaves en la mano y canturreando, chirulín, chirulán, cuando de pronto el suelo se eleva y me ataca y, por más que intento esquivarlo, me da de frente. Menudo porrazo.
Quedo tirada a cuatro patas, entre el coche a un lado y un arbusto lleno de bolitas rojas y espinas al otro. Tal vez porque mi sentido del equilibrio ya no es el que era. O porque soy floja de remos. Maldigo el suelo, el arbusto y mi rodilla derecha pulverizada, elementos todos cuyo conjunto me impide levantarme. No maldigo el coche porque aún pienso que me será de ayuda.
Intento izarme apoyando la mano repetidas veces en el arbusto espinoso con los consiguientes arañazos y sinsabores y ya voy a probar por el lado del coche cuando caigo en la cuenta de que éste tampoco me ayudará. Así es la vida. Resulta que cuando el alquitrán y los adoquines se sublevaron, de semejante rápida y grosera y agresiva y prepotente manera, en ese momento, aturullada por las circunstancias, presioné el mando del coche antes de que volara libre hasta unos dos metros de distancia. El mando ¿eh? No el coche.
En fin, que el coche quedó abierto, Lo que no es tan de agradecer como pensé al principio. Repto ligeramente al frente para enganchar el picaporte de la puerta izquierda de atrás. Pienso en mi ignorancia que, una vez agarrada a la manilla, podré hacer fuerza y levantarme. Pero no. Logro con esfuerzo sujetarla, tiro de ella hacia arriba y una pizca hacia mí. La puerta se abre y no me da en las narices porque ágilmente vuelvo a la posición de cuerpo a tierra. Ahí empiezo a maldecir también el coche. Un coche que ha pasado conmigo cinco años y una ITV debía tener cierto sentido de la fidelidad.
Incapaz de ponerme de pie y sin nada más que hacer, me doy a la filosfía, lo reconozco. «Cómo cambia la vida en apenas un instante», medito. Y también, «Mens sana in corpore sano,» (tengo que volver al gimnasio). Cosas así, de mucho pensar.
Aparece entonces Ilán, la asistenta de mi vecina, sureña de allende el Estrecho, guapa, alegre y, sobre todo, muy fuerte. Me levanta como la consabida pluma, recupera el mando y no quiere que la lleve en el coche a ningun sitio porque le gusta andar. Lo dicho: soy profundamente partidaria de la inmigración.

HOLA DE NUEVO

agosto 11th, 2022

COSAS CIENTÍFICAS

diciembre 19th, 2021

No hace un mes llamo a un amigo pamplonés y residente en Donostia-San Sebastián, para felicitarle por su cumple y charlar un ratito. Le pregunto qué tal está y responde que bien pero que la semana anterior estuvo muy malito. Esto que ahora se llama «gastroenteritis» (como si todos hubiéramos estudiado Terminología Médica) y antes se nombraba con términos carentes de todo glamour o ínfulas científicas. Lo de ahora, aunque los síntomas y tiempos sean los mismos, suena mejor.. El caso es que mi amigo se levantó por fin del lecho del dolor para asistir a una alubiada que, al parecer, lo curó y volvió a ponerle el cuerpo en forma. A grandes males, grandes remedios. Me alegré por él.
Ese mismo día pero ya noche oscura, a las 3 de la madrugada, me despertaron súbitamente los mencionados síntomas de una gastroenteritis en mi cuerpo serrano.
Una semanita he estado en estado de fastidio. Debo decir además que para mí es evidente que esto mío ha sido un contagio telefónico. No estaba tan curado mi amigo como presumía.
Hay quien me dice que la transmisión telefónica de un virus es imposible. Bueno, cada cual que crea lo que quiera. Digo yo que si el bicho Covid puede transmitirse por el aire y por el suelo, por tierra, mar y aire, vamos, a ver por qué no va a poderse transmitir la gastroenteritis por teléfono.
Las cosas científicas tienen eso, que al principio parecen increíbles.
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¿Y LA MERLUZA?

noviembre 18th, 2021

Me dice una amiga que mañana tiene merluza para comer. Me pregunto de donde la habrá sacado. A lo mejor, como es de autonomía marinera se ha lanzado al agua el fin de semana y se ha traido la merluza bajo el brazo y nadando. Porque desde luego en el súper y en la pescadería de al lado de casa no hay merluza. Corvina y lubina, sí. Bacalao fresco (que no me gusta nada) también. Boquerones y minibesugos y rodaballo de estero y rape y salmón… pero merluza no.
_Oiga, ¿merluza no tiene?
Hasta acento vasco pongo para que vean que puedo distinguir entre calamares y sardinas. Que la merluza está en paro biológico, me responden. Esto del paro biológico y merlucero no sé lo que es pero suena estupendamente. Así que dejo pasar unos días para que la merluza en paro se entretenga con sus cosas. Y vuelvo a preguntar.
Que no hace días y que no sabe el porqué. Que mañana tendrán en el bandejero, ya en filetes y bien limpia. El bandejero, me ilustra por el mismo precio, es ese armario frio y gris, metálico, donde hay bandejas de ¿porespan? (eso blanco que se pueden sacar bolitas y no pesa) con filetes de diferentes especies marinas comestibles.
No me atrevo a preguntar por qué hay merluza fresquísima en filetes y bandejero y no hay merluza entera para hacerla al horno con sus patatitas. Hay misterios insondables en los que es mejor no entrar. Y además, la lubina está buenísima.

COMO ANTES

noviembre 6th, 2021

Se me despistó la entrada anterior y quedó durante una semana en estado de Borrador. Debe ser porque alguna neurona se me escapó cuando el ataque del Cartel Asesino.
Lo de hoy no ha sido tan entretenido pero sí más satisfactorio. He ido al teatro con mi grupo de actividades cultureta. Reencuentro con los compañeros virtuales después de todos los confinamientos, pandemias y demás. Con mascarilla, vale, pero podíamos tocarnos (poco) y abrazarnos (mucho) sobre abrigos y las primeras bufandas, El profe-presi, Victor, ha preparado una conferencia mini sobre la filósofa Hanna Arendt para orientarnos un poco. Y allá nos hemos ido al teatro todos en comandita.
Menuda sorpresa. La obra es un auténtico lifting. Me he quitado un montón de años de encima y he vuelto de golpe a la época más progre de la universidad: actores made in Sudamérica y vestidos de negro, escenografía casi inexistente, temática ya he dicho filosófica, sobre la filósofa Hanna Arendt. Sólo faltaban los gritos anti Pinochet o similares y el vino tinto de garrafón (mucho más presente entonces que la nórdica cerveza).
Ganas tuve al salir de cantar algo de los Inti-Illimani pero tenía frío en los pies. Un frío que me subía desde el suelo de granito debido, supongo, a que no llevaba los indispensables botos de la época. O será que estoy mayor, lifting aparte.

ESTA FAMILIA

noviembre 6th, 2021

He tenido una aventura (pequeña) con el pico de un cartel colocado evidentemente demasiado bajo y en mitad de la acera. Corro (es un decir) a contárselo al móvil de mi hija que me advierte con voz muy seria (el móvil, no mi hija) que en ese momento está trabajando y no puede hablar (mi hija, no el móvil). Así que dejo un mensaje. Este:
_Hola mi niña bonita, que me ha atacado un cartel en la calle y me ha hecho un agujero en el cráneo con sangre y todo.
Y ella me contesta también con mensaje:
_Hala, mami… yo igual anoche en la cocina, con el pico de un armario alto. y horroroso y horrible. Luego te llamo.
Y, digo yo, vamos, no lo digo pero lo pienso esforzadamente:
_Pero…¿Qué le pasa a esta familia?

COMO EN CASA

octubre 24th, 2021

Nos decían en el cole que «se dice el pecado pero no el pecador». También es cierto que del colegio hace como mil años mal contados. Así que ya es tiempo de pasar de máximas tan antiguas. Aparte que aquí el pecador se merece el nombre en mayúsculas, por lo menos.
Se trata de CEPSA y ,sobre todo , de su publicista favorito.
Por razones personales pero fáciles de comprender, en los ultimos meses he tenido que utilizar dos veces los aseos de una gasolinera CEPSA. Y enfrentarme a su nueva campaña de publicidad. No sólo nos cuenta CEPSA que su gasolina es la más mejor en el mundo mundial (del precio no habla) sino que visitando sus instalaciones higiénicas (supuestamete) nos encontraremos «Como en casa».
Les reconozco la valentía, hay que sacar mucho pecho para hacer una afirmación así.
Mi pregunta, motivada por dos infaustas experiencias, es:»¿Como en casa de quien?»
Desde luego como en la mía, no.
En casa no tenemos una pegatina enorme en el espejo con imágenes de jabón, gel y patito amarillo. Pero tampoco tenemos un lavabo que se limpió por última vez antes de la pandemia ni un water con pis ajeno (puajj) ni un suelo con marañas de papel higiénico mojado.. Y por supuesto no tenemos que pedir la llave al señorín de caja ni oir su entretenida historia sobre que es fin de semana y está solo y hace lo que puede. Que, evidentemente no incluye un aseo en condiciones ni un trato amable para el cliento, la clienta ni, como en este caso, cliente.
CEPSA debe tener la casa hecha una porquería.

TECNOLOGIA

septiembre 6th, 2021

En un momento de subidón me he comprado on line un aspirador de estos modernos y redondos que aspiran solos (dicen). Ya la envergadura de la caja me dejó sorprendida y algo preocupada. Mi idea sobre estos aspiradores era la de una especie de lenteja atómica tamaño medio que giraba y absorbía las pelusas, poco menos que silbando. Y no. Aún entre cartones ya se apreciaba que aquello era el equivalente a varios kilos de las mencionadas lentejas.
Un par de días después cuando por fin me decidí a desembalar (antes me daba un poco de mieditis), tuve que fijarme forzosamente en el tamaño del librito o librote de instrucciones. Mi prima, la Bruja de la Lejana China dice que lo mío es alergia a la tecnología. Probablemente. Cuando veo que el folletito de modo de empleo es un libro de tamaño bolsillo (amplio) y cuenta las cosas en español, sí ,pero también en inglés, francés, portugués, italiano, holandés y polski (que supongo polaco pero sin base alguna, sólo por el nombre), bueno, pues cuando veo esa enciclopedia chiquita ya me doy cuenta de que este aspirador no es para mí.
Porque sólo identificar los dibujitos y buscar su correspondencia en la realidad ya es tarea ingrata, tediosa y larguísima además. Como decía mi amigo Antonio refiriéndose a la informática pero que aquí encaja también perfectamente «arte diabólico es».
Eso es la tecnología. No es que abjure de mi feminismo pero hay momentos en que una necesita un hombre al lado. Pocos, vale, pero haylos. Todas las mujeres que me dicen que lo del aspirador es sencillísimo tienen al lado un marido o un hermano manitas. Careciendo yo de esos utilísmos parientes, espero no volverme loca y lograr poner en marcha el trasto moderno este. Ya os contaré.

DIPLODOCUS

agosto 30th, 2021

Mi casa que no es tal, sino un piso bajo, es la más verde y ecológica de la urbanización. Como las ventanas se asoman a la praderita, árboles varios y trepadoras hiedras, en cuanto me descuido la naturaleza se instala en el interior. Toda. O gran parte ya que, de momento, ni la mar salada ni algún pantano cercano o lejano se manifiestan en el pasillo.
Pero lo que se entiende por naturaleza de secano está aquí todita. La Madre Naturaleza, la Hija Naturaleza, la Tía Naturaleza e incluso la Cuñada Naturaleza se asientan en el marco de la ventana del dormitorio y el suelo de la cocina. O deambulan por la pared y el techo del salón.
Me paso el día de safari con el matabichos en espray (que encima es malísimo y favorece el calentamiento global) organizando genocidios de hormigas mini y de arañas de película. Y la noche en estado contemplativo de las familias de diplodocus bajitos que salen a la fresca.
No tengo nada contra la prehistoria y menos aún contra la naturaleza tan verde e invasora pero por mucho que me digan distingo perfectamente salamanquesas o lagartijas verdes y rapidísimas, de las de toda la vida. Y no. Lo que veranea en mi casa sin haberle pedido permiso a nadie ni pagar alquiler es una familia okupa de diplodocus bajitos. Una recién llegada del cuaternario superior o el pleistoceno inferior o cualquier otro periodo prehistórico y lleno de bichos. Hace veraniego y tropical, no digo que no, Pero pienso que sus exhibiciones de movilidad y paseítos quedarían igual de bien en la acera. Y tendrían más público.