Se me van las horas, los días, las semanas y no me atrevo a escribir. Debido al susto permanente en que vivo (vivimos). Hoy toca incendio, mañana tren, al otro diluvio. Mi amiga Pilar opina que la culpa de todo la tiene Pedro Sánchez porque es gafe: Todo lo que pueda pasar en la Madre Naturaleza que la convierta en Madrastra Naturaleza e incluso en terrible Cuñada Naturaleza, pasará. Un día toca volcán indignado y al siguiente borrasca salvaje.
Luego, por si fuera poco desastre, llegan los políticos a comentar. Y los comentarios ya no hay cuerpo que los aguante. Todo es culpa del partido de enfrente. Pero, por si no nos habíamos dado cuenta, se cruzan improperios e insultos a grito pelado. Que quede claro que el culpable es además ladrón, corrupto y psicópata y su madre y su cuñado más todavía.
Así que yo, que tengo como cualquiera mi opinión, me callo y me la guardo en un cajón secreto. No estoy para sustos (más). Si acaso me siento obligada, no por solidaridad sino por mujer, a opinar en voz alta sobre el lío de la concejala de Móstoles y lo último de la chica Mouliáa. No sirve de nada pero al menos me desahogo. Desde el Gobierno y los partidos que no son Gobierno, nos animan a las mujeres a denunciar cualquier forma de acoso o sobe. Pero no sé para qué. ¿Para que un juez nos pregunte en público si «a usted le chupó las tetas»?. ¿Para que un compañero de partido diga en rueda de prensa que usted «va de mala fe»? ¿Para que en el mismo partido, que es el suyo, digan que usted lo que tiene es «ambición» (algo prohibidísimo para las mujeres)? ¿Para que confundan churras con merinas y el tirar los tejos con la falta de respeto y el acoso sexual? El último susto me lo he llevado con esa frase tremenda del político de turno inquiriendo ¿»tú cómo ligas, pregunto»?
En este país le hemos reído la gracia a Julio Iglesias cuando presumía de haberse acostado con 3000 mujeres, en lugar de mandarlo al psicólogo a ver si le arreglaban lo de la adicción al sexo. Y nos parecían cosas de picarón las públicas infidelidades del campechano emérito. Pues de aquellos polvos vienen estos lodos en que un juez emplea lenguaje tabernario para dirigirse a la denunciante y un político se hace un lío con las maneras de ligar. Otro susto. Y un asco.
