Archive for octubre, 2025

DIANE (y Robert)

lunes, octubre 27th, 2025

Se nos ha muerto Diane Keaton. Y Robert Redford, añade rapidísima esa amiga acelerada que todos tenemos. Vale, Robert Redford también y antes pero no es lo mismo. Aunque de vez en cuando babee volviendo a ver Dos Hombres y Un Destino y no por Paul Newman (que ya es decir) sino por el bigote que adorna a Robert. O cómo Robert adornaba cualquier bigote. Este señor creó el Festival de Sundance, dirigió, le lavó la cabeza (tan apañado él) a Meryl Streep y dio la cara, ya verdaderamente anciano, en aquella peli de ladrón jubilado. Es decir, muchos méritos. Pero aquel peluquín naranja y la cirugía tremenda que se llevó de golpe su belleza… Aunque por supuesto me iría con él a pasear descalzos por el parque, hubiera preferido que Robert Redford envejeciera a poquitos como hacemos los demás.

Y Diane… Llevo un tiempín queriendo rendir mi particular homenaje a Diane Keaton. Para mi generación, que no significa necesariamente mi quinta aunque le caiga cerca, Diane Keaton ha sido especial.

Llevaba chaleco y chaqueta cuando las demás actrices se perdían en escotes y tules volanderos. No quiso casarse cuando eso aún parecía el destino envidiable de toda mujer. O tal vez, según contaba ella, es que Al Pacino no se decidió, algo atemorizado por una mujer tan espléndida en la vida real como la sra. de Corleone en la pantalla. Fué madre soltera por elección pasados los cincuenta y continuó haciendo películas con guiones que derrochaban sentido del humor. No sé si buscaba esos guiones o si los directores la buscaban a ella por lo bien que encajaba en aquellos diálogos chispeantes. No la recuerdo en cambio en ninguno de tantos revolcones cinematográficos al uso. Tal vez, porque como explicaba en Annie Hall (¿o fue en Manahattan?) «los de Filadelfia no hablamos nunca de sexo».

Diane además data nuestros años más locos, le pone fecha a nuestras primeras rebeldías, nuestros novios con el pelo largo, las lecturas de filosofía y …los pantalones de campana. Me quito el sombrero ante una mujer que solía llevarlo bien encasquetado.

VAYA MAÑANITA

miércoles, octubre 22nd, 2025

Llevo una mañanita que… Una mañanita que, concretamente, empezó anteayer con nocturnidad pero, creo yo, sin alevosía ninguna. Era noche oscura (y tormentosa, diría Snoopy escritor) y me iba a la cama cuando decidí sacar algo del frigorífico.

Si una va pertrechada con las gafas de cerca, la novela, el móvil, un pañuelo de cuello y una rebeca, todo ello junto y a dos manos, no debe abrir la nevera. Yo lo hice, vale. Pero, por lo que fuera, mi móvil voló, sobrepasó la nevera _que es más alta que yo_ y esquivando el microondas descendió bruscamente y aterrizó en el suelo. Menudo tortazo. Luego se quedó inmóvil pero además, sordo, mudo y supongo, ciego. Y con una raja de muy mal aspecto cruzándole la pantalla.

Así que ayer, prontito, me personé en el Gran Almacen que todos sabemos pero no decimos el nombre, sección reparación de móviles volanderos. REPARACIÓN EXPRÉS decía el cartel. Pero resultó que no. Que el exprés se refería más bien al café que podías tomarte mientras esperabas. Porque como me decía el experto arregla móviles deprisísima, «en casa del herrero…».

Y… un par de días sin teléfono es como el fin del mundo en pequeñas dosis. Con sus sustos, sus imponderables, sus cumpleaños de personas a las que no puedes felicitar porque móvil significa también agenda en sentidos varios (¿quién se sabe ahora de memoria un número de teléfono?), sus asuntos trabajosos o de trabajo, sus disgustos, sus descuelgues… en fin. No pensaba yo que dependiera tanto de mi móvil.

Eso ya ha añadido inquietud y falta de alegría a mi mañana. Vaya mañanita. Pero lo que me ha crujido el corazoncito matinal es que hoy, por primera vez tras el verano, me he puesto calcetines. Unos con dibujos de perritos graciosos que maldita la gracia que me hacen. Además estaba el cielo blanco. Sé que hay personas que adoran los días nublados. Yo no. Recuerdo una novela que leí de muy jovencita donde el protagonista sentía una dulce nostalgia de los blancos cielos de Estocolmo. Yo no.

Yo en un día sin sol (aunque espero que salga luego, porque el sol de Madrid es terco y cabezón) y con calcetines de perritos, pienso muy seriamente en coger la bolsa de la compra y darme un garbeo por el Louvre. Que a mí los zafiros bien azules me sientan muy pero que muy bien.

CIUDADANOS DE SEGUNDA

viernes, octubre 10th, 2025

Lo primero para ser ciudadano de segunda es, evidentemente, ser ciudadana. Y no lo digo por el escándalo de las mamografías andaluzas. Eso, además. Por cierto, he oído en la radio a no sé cuál política asegurando que no consta ningún fallecimiento causado por los retrasos en la comunicación del diagnóstico. Mujer, pues sólo faltaba. Y ojalá no se haya producido, la cuestión ya es suficientemente grave y terrible y espantosa y… sin difuntas por el medio.

Ya he contado alguna vez que en mi segundo embarazo, en esta numerosísima familia mia (tribu más bien) cuatro primas estábamos encintas a la vez. Todas querían tener un varón menos yo que prefería repetir y que fuera niña. Luego nacieron Ana, Marta, Nuria y… mi hijo Juan.

Mi prima Inés me decía que un chico lo tendría mucho más fácil en la vida. Yo, ingenua total, pensaba que 25 o 30 años después de su nacimiento sociedad y mentalidad habrían evolucionado convenientemente hacia un status más o menos igualitario. Ay qué razón tenía Inés.

Se nota sobre todo en las pequeñas cosas. Porque las grandes, la brecha salarial, el reparto de tareas etc suenan fuerte pero cada día podemos fijarnos en algo medio silencioso, de hablar bajito, cualquier tontería que nos recuerde que somos ciudadanas de segunda.

Ejemplín: los llamados eufemísticamente servicios o baños en lugares públicos. Los hay para mujeres, hombres y sillas de ruedas y así los señalizan en los dibujos, carteles etc de la puerta. Con la salvedad de que los adaptados (denominación más amplia y veraz que las dichosas sillas) están siempre adosados al de señoras. No entiendo si es que hay más mujeres que hombres con problemas de movilidad. Ni por qué los caballeros con esa discapacidad tienen que ir al de señoras aunque no se hagan preguntas sobre su género. ¿Tal vez porque tampoco son ciudadanos de primera?

También los «cambiadores» para, efectivamente, cambiar los pañales al bebé están mayoritariamente (alguno he visto en el otro lado) en el aseo de mujeres. Quizá porque, como todo el mundo sabe las cacas y pises de un menor corresponden exclusivamente a su madre.

En fin, pequeños incordios que nos recuerdan que somos todavía ciudadanas de segunda. Con ministras y militares, sí, pero… Qué deprimente. Menos mal que no le han dado a Trump el Nobel de la Paz, cada día trae su alegría.