COSAS QUE NO ME GUSTAN (III): La escalada

Y no digo la de tirar p’al monte o el rocódromo, que tampoco. Sino de esa escalada obligatoria a que ultimamente nos someten los locales de café y caña según horas, vulgo, bares.

Pide una un café a media mañana y pregunta el camarero :»¿En mesa o en la barra?'» «En mesa _responde una, o sea, yo_ viendo que la barra está hasta arriba de funcionarios dandose al café de media mañana, propiamente. «Ah, pues vaya a la mesa que se lo llevo», me dice él amabilísimo. Y yo, obediente, me doy la vuelta y me acerco a la mesa. Me acerco sólo porque instalarme en ella, vamos, en el taburete contiguo, es imposible.

Esta moda reciente de poner el tablero de la mesa y el asiento de sus sillas compañeras a metro y medio en vertical del suelo tiene que ser un invento de algun Escandinavo Resentido. Alguien que en su primera juventud se comía las rodillas a la par que el pincho de tortilla sentado dificultosamente en una mesa mediterránea, es decir, de altura razonable para las tribus celtíberas, unos 70 cms aprox. Le pasa por emigrar. Y lo pagamos el resto.

Se ve que el Escandinavo Resentido es rencoroso y nos la tenía guardada. Y se ve además que el mencionado Escandinavo Resentido tiene contactos influencias y probablemente un pastón. Porque no he visto moda más absurda y menos práctica para el españolito de a pie y su señora.

CERRADO POR VACACIONES (Continuará)

Y en verano, este de ahora por ejemplo, peor: a la calorina ambiental y la falda corta es preciso sumarle el esfuerzo escalatorio taburete arriba (yo suelo empezar a saltitos) sin que la faldita revolotee alrededor no vaya a venir un Rubiales y encima la culpa es mía. Y el maleficio de las zapatillas de esparto que, sean como sean de altura y cuña, tienen la suela plana. Y con una suela así los niveles de adherencia a las larguísimas patas del supuesto asiento quedan bajo mínimos. Y conste que lo intento, a veces incluso con sandalias altas que por lo menos tienen tacón para engancharse.

Cuando empiezo a trepar siempre pienso en los entrenamientos salvajes de película americana. Esos en que los soldados suben esforzadamente por una pared vertical de madera agarrados a una cuerda gorda, llenos de sudor y barro (de la prueba anterior) con un sargento injuriándolos a grito pelado. Lo mío es parecido pero sin sargento. Y sin barro.

La cuestión es que yo mido a lo largo lo mismo que las mesas estas modernas con una jarra de cerveza encima. Y si tardo lo que tardo en encaramarme a la cerveza se le baja la espuma. A lo mejor por eso prefiero el vino y una mesa en condiciones. En condiciones mediterráneas.

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