Me preguntan por qué no escribo. Siglos llevo sin sentarme y darme a la tecla. Muchísimo tiempo. Me consta que el presidente de mi Club de Fans ha tenido que marcharse a nuestros mares del sur a fin no sólo de veranear, loable ocupación, sino de sobrellevar con entereza mi ausencia. La verdad es que, desaparecida como estoy y en modo publicación cero, su tarea al frente de mis seguidores ha quedado vacía de contenido.
Pero el motivo de esta escasez mía de apariciones está clarísimo. En dos palabras: Cambio Climático. O al estilo Jesulín también en dos palabras: El Dichoso Cambio Climático De Las Narices.
Primero VINIERON LAS LLUVIAS que han durado meses. De verdad. Se nos ha olvidado con el calorazo posterior pero ahí están sus consecuencias. En mi minipatio-jardín el suelo se cubrió de verdísimas plantas. Frondosas e incluso floridas. Algo extraño teniendo en cuenta que el mencionado suelo está cubierto por una hermosa manta de césped artificial. Artificial y empapada. La lluvia trajo las semillas y _supongo_ cavó los agujeritos donde dejarlas y continuó mimándolas y regándolas hasta la alegre eclosión primaveral. Y veraniega. Y lo que te rondaré morena.
O sea, una (yo misma) pone césped artificial para no tener que regar, escardar, recortar y etcétera. Y pasa luego medio día arrancando malas hierbas y trasladando flores espontáneas a un jarrón.
Esta es la primera razón de mi pereza escritora. La segunda, que se debe a idéntica sección del Cambio Climático, es el aumento en número y tamaño de la fauna, local o no, en el mencionado minipatio-jardín. Que os cuento más tarde.