RAAAAAAAAJJJ BRRRREEEEEMM

junio 15th, 2011

Uuuy cómo ha sido la última semana. Así ando yo de atrasada en contaros cosas. A ver, iba yo por la carretera, alegre y dinámica pero tirando a despacio porque mi pobrecito utilitario sonaba raaaajj, raaaaajj que, aunque entiendo poco de coches, estoy segura de que es un ruido que no hacen normalmente los utilitarios. Ni los coches de lujo, me pega.
El caso es que llevaba algún tiempo haciendo raaaajj, raaaajj, pero flojito y yo pasando. Porque tampoco es cuestión de darle al coche todos los caprichos. Total que, de pronto, se puso a hacer también brrrreeeeeeem brrrrreeeeem brrreeeeem, como una oveja con carraspera. Me temo lo peor, pensé. Y efectivamente. Porque de pronto mi pobrecito utilitario se puso de los nervios total y daba igual la marcha que le metiera porque aparte del brrrreeeeem brrrrreeeem no hacía ya más ruidos ni movimiento alguno.
Detrás de mí se formó una cola mediana de otros utilitarios y todoterrenos rellenos de madres e hijos porque pillé una salida de colegio. Con semejante caravana no podía ni bajarme del coche y poner el triangulito ni nada, so pena de perecer prensada contra el maletero por alguna madre en estado de ansiedad mediana.
Puse las luces de peligro peligro os apartéis y llamé a Fernando el del taller. Fernando parecía sobre todo interesado por los ruidos del motor.
_¿Cómo es eso del raj? Preguntaba
_ No, no es raj, es raaaaaaajj pero ahora sobre todo brrrrreeeeem brrrreeeeem.
_A ver, repite, ¿cómo dices que suena?
_Pero Fernando, que hacía raaaaajjj y luego brrrreeeeem, pero que ya no hace nada y estoy parada en mitad de una carretera llena de madres e hijos
_Es que me encantan tus onomatopeyas, me dijo al fin. Fijaos qué traidor. Porque a mí también me gustan las croquetas de jamón y no le digo todo el rato, Fernando que me chiflan las croquetas, ¿el qué? las croquetas, ¿cómo? de jamón etc… Pero los hombres ya se sabe. Fernando me recomienda llamar a la grúa y personarme en el taller. Lo que hago a continuación.
Llega el gruero (¿cómo se llama un conductor de grúa? gruero ¿no?) y después de preguntarme por los ruidos y demás circunstancias me dice
_Ahora mismo, pongo el coche en marcha y le digo qué le pasa
_Aaaaah, pues nada, tome las llaves (digo yo tranquilamente porque para entonces ya me he comprado una cocacola zero y un sobre de jamón serrano en la gasolinera más próxima que está prácticamente al lado y ya veo la vida de otra manera, como con más optimismo)
_Brrrreeeemmm, breeeem, esto es del embrague, señora, dice el sabio
_¿y qué le pasa al embrague? Pregunto
_que se ha fundido
_¡¡!!¡!¡!……… ¡¡¡!!!……. ya y lo del raaajjjj raaaaajjjj ¿de qué es?
_Ah, eso no tiene importancia
_¿No?
_No, eso es sólo de los frenos.

(continuará)

ESPIA DEL PASADO

junio 12th, 2011

Mientras leo una novela muy deprimente sobre un espía que surgió del frío, me deja un mensaje en el móvil el espía que surgió del pasado. Porque yo, no sólo estoy pasadísima y con patas de gallo y tal, sino que también tengo un pasado. Como conocí tan prontísimo al que durante 7 lustros (las plagas de Egipto eran 7, ¿verdad?) fue el Amor de Mis Amores y Flor de Mis Flores antes de convertirse en el Espinoso Cactus que es ahora, pues como le conoci tan prontísimo,digo, mi pasado es repetitivo. No monótono porque a mi no me ha llamado Dios por el camino de la monotonía pero repetitivo en cantidad. Y las únicas excepciones a tanto ensayo y error han sido mi amor de los 16, de cuyo nombre no quiero acordarme, mi amor de los 17 y un par o tal vez 3 docenas de amantes previos al contrato matrimonial. Hecha la cuenta un poco así por encima, que esto no es un confesionario.
El que me deja el mensaje es mi amor de los 17, que está gastadísimo como yo misma. Pero que de alguna manera se ha enterado de este blog y anda por la red espiando en el mejor sentido. O sea, observando y tomando nota. La red tiene su aquel y también mucho peligro pero resulta divertida: reencuentra una cada elemento…

EL BOTE DE COLON

mayo 30th, 2011

Media vida me he pasado cantando _identificadísima_ aquello de Alaska: “Quiero ser un bote de Colón y salir anunciada en la televisión. Qué satisfacción… ¡¡ser un bote de Colón!!”.
Pues hoy ya no quiero ser bote de Colón, que es una profesión redonda pero muy sacrificada: todo el día lavando los trapos sucios. Ahora quiero ser protagonista de un anuncio de Balay. Quiero bailarines llevándome de la cocina al salón y viceversa, música de marcha y marcha en el cuerpo. Y no pegar ni clavo. Balay, ya digo. Es que en esta primavera desmedida, entre lluvias y soles, hay días en que no está una para nada.

SOLOCHICAS

mayo 27th, 2011

Hoy he recibido en casa. Lo digo así porque uno de mis anhelos irremediablemente frustrados es tener un día de recibo. Doña Estupendalicia recibe los miércoles, dirían en la sección de sociales del ABC. El problema es que cuando las señoras tenían un día de recibo, poseían también un cuerpo de casa compuesto por mayordomo, doncellas (2), cocinera y etc. En mi casa, el cuerpo este que digo es el mío propio. Lo que no estaría tan mal si no fuera porque es en exclusiva. Quiero decir que yo me lo guiso, yo no me lo como (debido a la permanente dieta disminuidora de latitud), yo friego el cacharrerío que no cabe en el lavavajillas y yo cambio los ceniceros.
Total que hoy he recibido en una cena de las que yo llamo SOLOCHICAS, entendiendo por chicas a mujeres y principalmente al borde de esa edad en que se deja de ser mayor de edad para ser simplemente mayor (y ya sé que se me habrán ofendido todas pero la verdad es la verdad).
La ventaja de una cena SOLOCHICAS es que puede una descalzarse si es menester, hablar de las asignaturas y exámenes de los hijos y de una que no ha venido a la mencionada cena. En este tipo de saraos hiperfemeninos, yo me acojo a la máxima de mi hermana: “No salir de la habitación ni para ir al baño, así me lo haga encima”. Y jamás de los jamases se me ocurriría no aparecer si he sido invitada. Porque ambas actividades son la mejor manera de convertirse en protagonista. Y no es que las mujeres critiquemos más que los hombres, eso es un tópico. Lo que sucede es que como los hombres, en general (su excepción habrá), tienen tantas dificultades para expresarse, para cuando van a criticar al que se ha marchado a hacer uso del mingitorio, éste ya ha vuelto.
Y por cierto, las componentes de mis cenas SOLOCHICAS no criticamos nunca. Simplemente analizamos las circunstancias y comportamientos propios y ajenos. Tal vez haciendo un poquitín de hincapié en los ajenos.

SOL

mayo 24th, 2011

De las pintadas y pancartas que he visto en Sol, bueno, en Acampadasol, me quedo con una:

Si no nos dejais soñar
no os dejaremos dormir

Me parece el grito mejor para gente de más de 20 años y menos de 35 (que ahora son también jóvenes).
A la vuelta, oigo en la radio del coche que es un verso del Julio César de Shakespeare. Vale, pues no es un grito nuevo entonces. Pero una generación capaz de citar a Shakespeare en sus pintadas reivindicativas merece un respeto. Va a resultar que, además del perro y la flauta, algunos llevan las obras completas de Shakespeare bajo el brazo. Don William estaría encantado.

PREGUNTA POLITICA

mayo 19th, 2011

¿Que asesor de Esperanza Aguirre contrató para la foto de campaña a la maquilladora de ojos de Cleopatra de Egipto?

PRIMAVERA

mayo 18th, 2011

Hoy he soplado un vilano

JENGIBRE

mayo 15th, 2011

Me encanta el jengibre. Me gusta su perfume, su sabor fresquísimo y con ese punto picante y su “físico” de cactus calvo. Y no, no me recuerda a nada más, a pesar de lo que piensen los malpensantes. Soy de las que en los restaurantes asiáticos pilla las láminas de jengibre en encurtidos y llora sabrosamente masticándolas. Una delicia.

Si fuera “nariz” de algún laboratorio perfumero alta gama, diseñaría un perfume con elevada concentración de aroma a jengibre. Eso para el invierno, cuando el jengibre da calor y picor y se relaciona excelentemente con los abrigos. En verano aflojaría la cantidad de jengibre y la combinaría con notas cítricas. Jengibre con el ácido dulce de la naranja, por ejemplo. O el sobresalto amarillo del limón.

Todo esto se me ha ocurrido porque en la mesa donde trabajo flota un suave olor a jengibre. Que a pesar de lo que me gusta, me tiene sutilmente intrigada. O sea, intrigada pero poco. Ya que mi mesa, lo reconozco, es un caos y a saber qué secretos oculta.
Pasa un rato. Pasa otro. Me decido: hago el esfuerzo, enorme esfuerzo, de ordenar la mesa donde trabajo. Y nada. No hay jengibre a la vista.
Pasa otro rato, Recuerdo que en la estantería, detrás de mí, se alinean mis bolsos, bien agrupaditos por colores. Los reviso uno a uno y ya estoy maldiciendo por lo bajinis cuando llego al bolso rojo grande que tiene como veinte cremalleras. Bajo y subo cremalleras y al fin descubro el jengibre. En esa bolsita blanca y plastilándica, tan poco ecológica, que me dieron en la tienda de comiditas chinas y junto al recibo del aparcamiento de los chinos propiamente. Si lo sé, lo dejo un par de semanas más. Para que crezca. Pena me ha dado encerrarlo en la nevera.

PREGUNTA TÓPICA

mayo 11th, 2011

¿Por qué una persona que es “perro viejo” es alguien lleno de la sabiduría que sólo da la experiencia y “perra vieja” es una prostituta desvencijada?

EL VIENTO DEL DESIERTO

mayo 10th, 2011

La señora que me ayudaba a adecentar la casa se llama Betty. Betty es ecuatoriana y fuerte como una tormenta tropical. Por eso yo la llamo Huracán Betty. Ahora ha tenido una hermosa bebé, tamaño noruego más o menos, y lleva unos meses atendiendo a sus necesidades. Hasta que vuelva me echa una mano una señora magrebí. A la que la segunda vez que trasteó en mi casa decidí llamar El Viento del Desierto. Porque es una versión africana del vendaval.
El otro día entro en el cuarto de estar y encuentro la mitad del suelo lleno de plumas. Maldigo la primavera con sus flores y sus pajaritos que se ponen de los nervios y se cuelan en casa poniéndome a mí de los mismos nervios u otros similares. En plena maldición me doy cuenta de que todas las plumas son blancas. Y constando mi jardín (de momento) sólo de urracas enormes, mirlos y un pájaro carpintero, empiezo a preguntarme si habré encontrado el famoso mirlo blanco.
Miro y remiro y rebusco en las cercanías de la ventana y el mirlo blanco no aparece. En cambio, se persona en la puerta del cuarto de estar El Viento del Desierto. “He sacudido los cojines del sofá porque me parecían un poco aplastados”, me dice, orgullosísima de sus desvelos por mi hogar, dulce hogar. Me fijo entonces en que hay más plumas blancas cerca del sofá que junto a la ventana, lo que debería haberme hecho sospechar. Y que los almohadones del mencionado sofá están ligeramente despachurrados por los laterales y completamente inflados en plan soufflé por el medio. Le doy las gracias al Viento del Desierto y corro a atrincherarme en mi habitación… ¡Me da un miedo…!