EL CURRY NO ES BUENO PARA LA SALUD

noviembre 13th, 2010

Empiezo a temerme que el libro Juegos Sagrados no es bueno para la salud. Para la mía, al menos, ya bastante deteriorada sin policías sikhs ni gàngsters qeu hablen en hindi.

No lo he pesado pero, a pesar de la edición de bolsillo y sus tapas blandurrias, así, para llevar en el bolso (lo de versión bolsillo es eufemismo), un plomo. Y para leerlo donde La Bestia, de medio lado en la camilla y sujetándolo a mano, dos plomos. Y un peligro para las cervicales, también.

_¡Vaya, hoy no te has traído el novelón! _me dice

¡Menos mal porque te veía retorcidísima cuando las corrientes!, _añade. Y yo, con tal de no hacer el esfuerzo de hablar, le dejo añadir.

Las corrientes son una electrocución pequeñita y por partes que, combinadas con la freidora de infrarrojos, se traen un tufillo como de corredor de la muerte y silla eléctrica, un tanto depresivo. Por eso aprovecho ese rato para leer y echar a volar la imaginación y tal.

Sólo que hoy he cambiado de libro, por razones de salud.

Se lo enseño, señalando el título, a ver si pilla el mensaje.

“La inutilidad del sufrimiento” _lee de seguido y todo_ ¡qué interesante!

Y yo aprovecho para tirarme de cabeza a un librito (excelente tamaño) de autoayuda escrito por pisicologa de pro.

Un librito buenísimo para las cervicales y las lumbares. Para el resto, no sé.

CURRY, POR FAVOR

noviembre 9th, 2010

Leo “Juegos Sagrados”, de Vikram Chandra, siguiendo las indicaciones sumamente aviesas de un amigo. Cuando digo “leo” es porque lo estoy leyendo de continuo, en todo momento. Y cuando digo que esas indicaciones eran aviesas me refiero por un lado a su malignidad y por otro a su falta de oportunidad (lamento el pareado).
Porque “Juegos Sagrados” es una de policías y ladrones en la India que, en su versión bolsillo (única que mi bolsillo me permite), mide 1.214 páginas de letra pequeña. Y una vez digerido el primer capítulo y sus sobresaltos, es imposible abandonar, lo que lo convierte en un libro claramente de vacaciones. Al que no es conveniente engancharse en pleno otoño laboral y lleno de hijos. Hijos además a los que hay que llevar a, verbigracia, un campeonato de pádel en Alcalá de Henares. Con una humedad ambiente que deja el pelo entre corte afroamericano y melena zulú.
Volviendo a la India: leer al señor Chandra ha despertado mi nunca dormida del todo pasión por los currys (lo siento, Almudena, y felicidades)… hasta agotar existencias. O casi. El último, de pollo, apenas pude probarlo porque mi hija decidió zampárselo de desayuno (se ve que la afición al curry es genética y hereditaria). La sección currys en el armarito de las especies ha tocado fondo. Y sólo voy por la página 622. Acepto donaciones de diferentes currys, excelentes a ser posible.

EL CACHARRAZO

noviembre 6th, 2010

Voy tan contenta en mi coche por la calle más gorda y principal de mi pueblo, rumbo al antro aséptico donde La Bestia me hace migas la musculatura. Paso dinámica pero prudente por donde el que a continuación se convertirá en “el señor del Cacharrazo” está desaparcando con furia e incluso con saña (sus motivos tendrá) y… ¡¡Batablamba, crrruaaaajjjjj plonk!!. Que son los ruidos que hacen dos coches cuando se incrustan uno (el suyo) en otro (el mío).
Si hemos de ajustarnos exactamente a la verdad, el mío sólo sonó ¡¡crrrruaaajjjjj!! debido a que tras el ¡¡batablamba!! inicial (que corrió a cargo del vehículo contrario o como se diga en el parte amistoso, que me encanta el eufemismo) el coche del “señor del Cacharrazo” se adhirió al lateral izquierdo del que ostento en propiedad y se marcó una rascada regia. Pero regia. Que me van a tener que cambiar la puerta porque está como si la hubieran peinado con un trillo. El ¡plonk! final también fue cosa del otro coche: resulta que es el sonido que emite un coche perjudicadísimo cuando exhala al unísono los faros delanteros y un intermitente.
Porque yo tengo para cuatro días de taller (o así, más no, por favor, por favor) pero el vehículo contrario está como decía Steve Buscemi con media cara sangrante en Fargo: “pues no veas cómo ha quedado el otro”.

LA CALDERA

noviembre 3rd, 2010

Nuestro lema familiar es “come y haz pis siempre que puedas porque nunca sabes cuándo tendrás oportunidad de volverlo a hacer”. Es un lema útil en cualquier circunstancia y particularmente durante los viajes. Mi hija Julia le acaba de añadir “y lávate el pelo” y es cierto que en cuanto las circunstancias se espesan un poco, le pilla a una la reunión de trabajo o el encuentro con un antiguo novio con la melena opaca y carente de glamour.
¡Qué bálsamo para el espíritu pensar que nuestros pequeñuelos crecen no sólo en belleza y musculatura sino en sabiduría práctica! Lo pienso, tan contenta con mi niña, mientras maldigo cuidadosamente al Tipo de la Caldera.
El mencionado Tipo de la Caldera ha visitado esta última con la excusa de la revisión anual. Y ha debido pensar que el confort moderno es una acumulación de excesos y la Caldera una esclava extenuada. O algo similar. Porque ha optado, sin pedirme opinión ni darme el parte siquiera, por dejar la calefacción chuflando comme-il-faut y el agua caliente en absoluto. No sé si me seguís. ¿Me merezco yo tener que bajar un piso y cruzar un patio envuelta en toalla y agua helada y criando estalactitas en la melena para ponerme de acuerdo con la Caldera?. Mi vida está llena de hombres malos.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

noviembre 2nd, 2010

Cuando una pone sus cuartos traseros, bueno, un solo cuarto trasero pero de verdad que es suficiente, en manos de un señor que no es amante ni pariente cercano ni nada, sufre cierta pérdida de dignidad. Y ni siquiera cabe el consuelo de recordar aquello de todo se ha perdido menos el honor. Si además el señor en cuestión se empeña en taladrar a mano el mencionado cuarto trasero, pues no sé lo que les ocurrirá a otras personas pero a mí, lo confieso, se me pone un humor regulín. Y desde luego, no estoy para preguntas raritas.
_¿Irradia? _ pregunta La Bestia
_¿Irradiar? ¿Pero qué se ha creído este señor que son mis ancas? ¿la central nuclear de Trillo? ¿el monte Tabor? ¿El Arbol de Avatar? _me pregunto yo. Aunque claro, no se lo digo, entre otras razones porque me falta el resuello.
_¿Irradiar? No comprendo_ digo cuando logro reunir fuerzas. Más para que La Bestia comprenda que no comprendo que por afán de conversación.
_Sí, mujer (“¿sí, mujer?” pero qué confianzas son esas?), que si cuando aprieto aquí (¡ay!) notas que el dolor (¡ay, ay, aaay!) se irradia por la pierna _responde él_
_Sí_ contesto, que más escueto y claro imposible.
Bueno, pues todavía quiere precisar si hasta la rodilla o hasta el tobillo o hasta dónde. Y ahí no me da la gana de contarle nada más. Porque si yo pudiera articular “hasta los deditos del pie” que sería la respuesta correcta, también podría tirarme de la camilla al suelo y huir, lo que no es el caso. Paso de contestarle. Que se chinche.

CAMBIO DE ESTACION

noviembre 1st, 2010

Anoche tuve una cena todavía fresquita, una cena casi de verano a pesar de los chaparrones de lluvia descarada: berenjenas al estilo de Menorca y merluza al horno hechas por el señor de la casa. Lo de que estén hechas por el señor y no por la señora tiene su encanto y es muy veraniego. Conozco pocos hombres aficionados a la cocina de invierno.
Hoy ha amanecido un día de frío pelón y la lluvia era intermitente y pesada. Me invitan a la primera cena invernal: patatas a la riojana hechas en la chimenea en su perolito de barro sobre trébedes. Peras en almíbar y bizcocho de chocolate para el postre. Y todo tipo de condumios engordativos antes y después del plato fuerte.
Para desengrasar, el señor de la casa, reciclado en barman, nos ofrece un Mai-Tai. Bueno, primero uno, luego otro y luego… A pesar de que llevo unos impropios pero favorecedores taconazos peep-toe totalmente Dry Martini, opto por un Mai-Tai (o varios) que sabe incandescente y amargo lo justo. El Mai-Tai no tiene nada que ver con el grito de ¡Mayday, Mayday!, tan socorrido, y, al parecer, lo adecuado es tomarlo con falda de plátanos y a la cabeza pañuelo de colorines y piña tropical.
A la vuelta, al entrar en casa, me sacude el olor salvaje de los lirios asiáticos, único vicio que me permito últimamente. No sé si el cuerpo me pide un cambio de estación o, directamente, de hemisferio.